La Reserva de la Biosfera de La Siberia se sitúa en el noreste de la provincia de Badajoz y fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2019. Cuenta con una superficie aproximada de 155.000 hectáreas y engloba once municipios, entre ellos Herrera del Duque, Puebla de Alcocer y Helechosa de los Montes. Fue la primera reserva de este tipo en la provincia de Badajoz y constituye un ejemplo destacado de conservación y desarrollo sostenible en el medio rural.
Este reconocimiento se debe a su capacidad para equilibrar la conservación del entorno natural con el desarrollo económico y social de la población local. La Reserva promueve la protección de los recursos naturales, la investigación científica, la educación ambiental y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, apostando por un modelo en el que la actividad humana es compatible con la sostenibilidad.
El territorio presenta una gran riqueza ecológica y uno de los mayores índices de biodiversidad de la Península Ibérica. En él habitan numerosas especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios, muchas de ellas de especial interés. El paisaje combina dehesas, sierras, bosques mediterráneos, valles y llanuras, junto con una destacada presencia de agua que define gran parte de su identidad. La zona alberga importantes embalses como Cíjara, García Sola, Orellana y La Serena, lo que ha dado lugar a lo que se conoce como la mayor “costa de agua dulce” de España.
Además de su valor natural, la Reserva de la Biosfera de La Siberia cuenta con un importante patrimonio histórico y cultural. En su territorio se encuentran restos arqueológicos como dólmenes y pinturas rupestres, así como construcciones medievales, castillos, iglesias y ejemplos de arquitectura tradicional. A esto se suman tradiciones populares, celebraciones y una gastronomía vinculada a los productos locales, que refuerzan la identidad cultural de la zona.
El turismo en la Reserva se orienta principalmente hacia el ecoturismo y las actividades sostenibles. Entre las opciones más destacadas se encuentran el senderismo, la observación de aves, las actividades acuáticas en los embalses, el astroturismo gracias a la calidad de sus cielos, así como experiencias relacionadas con la naturaleza como la micología o la observación de la berrea del ciervo. Este modelo turístico busca minimizar el impacto ambiental y contribuir al desarrollo económico local.
La gestión de este espacio está alineada con los objetivos de la Agenda 2030, promoviendo la conservación de la biodiversidad, el uso responsable de los recursos, la lucha contra el cambio climático y el impulso del empleo en el entorno rural. En conjunto, la Reserva de la Biosfera de La Siberia representa un territorio donde la naturaleza, la cultura y la vida rural conviven en equilibrio, convirtiéndose en un referente de sostenibilidad y conservación.