La fortaleza andalusí que vigilaba el Tajo.
Abrir mapa Romangordo (Cáceres), España
El yacimiento arqueológico de Majadat al-Balat, conocido como Albalat, se localiza en el término municipal de Romangordo, junto a la autovía A-5 que conecta Madrid con Badajoz, con accesos en los kilómetros 200 y 207. De fácil acceso y perfectamente señalizado, permite estacionar en sus inmediaciones y se sitúa además muy próximo al Parque Nacional de Monfragüe.
Este enclave corresponde a un asentamiento que estuvo en funcionamiento durante la etapa de Al-Ándalus, en la Edad Media musulmana de la Península Ibérica. Su relevancia histórica radica en su función estratégica de control de un vado del río Tajo, actualmente desaparecido bajo las aguas del embalse de Torrejón.
Las excavaciones arqueológicas comenzaron en el verano de 2009 bajo la dirección de la investigadora S. Gilotte (CNRS, CIHAM), con la participación de estudiantes y especialistas de distintas disciplinas, como geofísica, paleobotánica y arqueozoología. Los estudios realizados indican que el asentamiento estuvo ocupado, al menos, hasta la primera mitad del siglo XII, aunque las fuentes escritas del siglo X apuntan a una posible ocupación anterior aún no documentada arqueológicamente.
La muralla del recinto delimita una superficie aproximada de dos hectáreas y está reforzada por numerosas torres. En sus estructuras se aprecian distintas fases de ampliación y refuerzo, empleando materiales locales como pizarra, tapial, guijarros y cal, lo que demuestra la importancia estratégica y defensiva de la fortificación a lo largo del tiempo. La ciudad fue finalmente destruida por las tropas cristianas tras un asedio en la primera mitad del siglo XII.
Los hallazgos arqueológicos permiten conocer aspectos de la vida cotidiana de sus habitantes. La cerámica recuperada revela información sobre la preparación y conservación de alimentos, así como sobre las redes comerciales que facilitaban la llegada de piezas más elaboradas procedentes de otros territorios peninsulares. Asimismo, se han documentado actividades lúdicas mediante fichas de piedra y cerámica utilizadas en juegos de tablero, como el alquerque, de los que también se han encontrado ejemplos en el yacimiento.